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Entrevista a Rosario Ortega: “La educación es el motor del cambio positivo”

Hoy os proponemos una entrevista a Rosario Ortega, catedrática de Psicología y experta en acoso escolar.

Domani scuola....  Tomorrow school... 

El periódico ABC recoge esta entrevista:

Se topó casi por casualidad con el objeto de su investigación y hoy es una de las máximas expertas de «bullying» o acoso escolar. Fue en una estancia temporal en la Universidad británicade Sheffield cuando escuchó por primera vez el vocablo en inglés de boca de un colega psicólogo. Poco después regresó a España y abrió una investigación en varios colegios de Sevilla, donde trabajaba por entonces. «Los datos fueron impresionantes», sostiene. La presencia de malos tratos en el universo escolar era tan evidente que Rosario Ortega, catedrática de la UCO, comprendió que acababa de descubrir un filón científico de alto calibre. Desde entonces han pasado ya 22 años.

-Empecemos por el principio. El «bullying» es abuso de poder entre iguales. O sea: la naturaleza misma.

-La naturaleza misma particularmente retorcida. Debajo de todo fenómeno de «bullying» hay un esquema básico de conducta: el que yo llamo de dominio y sumisión. Estamos frente a un patrón que tiene su origen en el ser animal que somos. ¿Qué les pasa a los individuos no violentos? Que la educación ha modulado y socializado ese esquema.

Rosario Ortega (Santiago de Calatrava, Jaén, 1950) se debatió entre estudiar Psicología o Historia Contemporánea, sus dos grandes pasiones preuniversitarias. Y se declinó por lo primero. ¿La razón? «Me gusta la gente». Así de simple. «Si me pones frente a un paisaje maravilloso y un individuo normalito», precisa Ortega, «me entretengo más con lo segundo». Y se ha entretenido de largo. Profusamente, diríamos. Ahí está su sobresaliente currículo de publicaciones y estudios sobre la conducta humana, las relaciones interpersonales y ahora, en los últimos años, lo que se ha venido en llamar el «ciberbullying» y la «ciberconducta». Se licenció en la Universidad de Barcelona, con muy apreciables notas, por cierto, se doctoró por la de Sevilla, dirigió el Instituto de Ciencias de la Educación de la capital hispalense y desde 2003 es catedrática de Psicología de la Universidad de Córdoba. Un camino largo y plenamente fructífero, a tenor de su expediente académico.

-¿Qué mitos se le han caído?

-Uno: el mito de que la ciencia va a resolver problemas de inmediato. Se me ha caído el mito de la prisa. Y me he armado de paciencia.

Datos escandalosos

En uno de sus múltiples proyectos científicos sobre el terreno, se entrevistó con un chico de unos doce años con un claro perfil de agresor. Pronto descubrió que ocultaba una situación de violencia doméstica evidente y que él mismo era víctima de su padre y estaba recibiendo golpes físicos y humillaciones psicológicas. «Es impresionante el número de chicos y chicas implicados en este fenómeno. Sabemos que en cualquier centro puede haber entre un 20 o 25 por ciento de situaciones de «bullying». La mayoría, con un poco de ayuda especializada, salen. Pero hay entre un 2 y un 5 por ciento en que el problema se hace más grave y el daño a la víctima es mayor».

-¿Qué hay detrás de la crueldad?

-Un fallo en la construcción del criterio moral del niño. En eso que llamo la reciprocidad moral, que significa que si yo quiero que no me hagan daño yo no debo hacerlo a los demás. Si yo quiero que los demás sean justos conmigo, yo tengo que ser justo con ellos.

-¿De qué materia está hecho un ser humano?

-Básicamente de cerebro. Sin la dotación, composición, dinámica y funcionamiento de nuestro cerebro no seríamos lo que somos.

-¿Todos los niños son inocentes?

-La respuesta es no. Los niños están en un proceso evolutivo donde sus conductas pueden ser disruptivas sin tener mucha conciencia de ello al principio. Pero, a medida que evoluciona su criterio moral, sabe perfectamente que está mintiendo o que su conducta le causa perjuicios a otro niño. El registro moral es muy temprano en la infancia.

-La infancia es la jungla humana sin máscara, ¿no?

-Yo no he dicho eso. Yo digo que en la infancia los grandes patrones de la conducta están por modular. La sociedad ha inventado las escuelas y emplea una parte del Producto Interior Bruto (PIB) para socializar a los chavales. Por eso, si gastamos menos dinero en educación quizás tenemos que gastar más en cárceles. Cuidado con estas cosas. Que los números están todos hechos.

-¿La violencia está en el ADN?

-En el ADN nunca hay ese tipo de cosas. Ahí está el mensaje de cómo deben funcionar los elementos básicos de la conducta. Por ejemplo, la ira. Si a las tres o cuatro veces que un niño coge una rabieta, hay una madre que le dice: «aquí no se patalea, se piden las cosas hablando», lo que está haciendo es modular una conducta espontánea.

-Usted dice que hasta un 25 por ciento de los escolares están involucrados en casos de «bullying». ¿Epidemia o la vida sin edulcorantes?

-Una investigación asegura que si se afinan los criterios, en el 25 por ciento de los casos se puede disolver el problema.

-¿Cómo se desactiva a un agresor?

-El agresor es pertinaz en la medida en que los espectadores miran para otro lado y la víctima no saca fuerzas para pararlo. El «bullying» se estructura y se desestructura, en gran medida debido a agentes externos.

-¿El acoso escolar es una «enfermedad» hereditaria?

-No sabemos nada de eso. Lo que sí sabemos es que cuando un chico vive en un entorno violento aprende a usar la violencia como respuesta ante los conflictos.

-El «bullying» sólo afecta a una chica de cada cinco casos. ¿La civilidad es cosa de mujeres?

-La sociabilidad femenina no incluye formas rudas de crueldad, como el «bullying» físico. Pero sí formas más sofisticadas, como el levantamiento de rumores, la mala reputación, la exclusión social o la traición. En el «ciberbullying», en cambio, estamos encontrando que las chicas están más implicadas.

Acoso en la red

La entrevista tiene lugar en la Facultad de Ciencias de la Educación. Decenas de jóvenes ocupan la escalinata de la puerta de entrada. Rosario Ortega no pone ni un reparo en sentarse junto a ellos para la sesión fotográfica. Una, dos, tres. Las imágenes que sean precisas para el reportaje gráfico. Enérgica y decidida, conduce ya en su despacho un discurso solvente sobre las investigaciones que han absorbido su tiempo en las últimas dos décadas. Pero vayamos al «ciberbullying», objeto reciente de estudio de su equipo de trabajo universitario. «Hemos encontrado algunas variaciones con respecto al patrón clásico del acoso escolar», puntualiza. «La repetición aquí no tiene tanto valor, porque una agresión colgada en la red se repite sola. Lo que sí resulta determinante es el abuso de poder, que es visualizado siempre por los niños como el gran factor».

-¿Los niños están más desprotegidos en la red?

-En alguna medida sí. Dejan de tener control sobre el hecho, porque la víctima no puede defenderse. Pero los aparatos se pueden apagar, mientras que en una agresión física no tiene más remedio que atacar o huir.

-¿Internet está cambiando la conducta humana?

-Estamos abriendo dimensiones nuevas. Es lo que llamamos la «ciberconducta». La dimensión de sociabilidad ha aumentado: no sólo son mis amigos los de mi ámbito personal de la escuela o el barrio sino también ese otro que vive en Holanda y con el que comparto muchas cosas.

-¿Por qué nos gusta vivir «on line»?

-La tecnología empuja el desarrollo y el desarrollo no se puede detener. El que se resiste, y yo misma lo hago, tiene miedo de quedarse marginado. Los otros te estimulan hacia nuevos modelos.

-Internet: ¿oportunidad o amenaza?

-Oportunidad de todas todas. Lo que hay que hacer es introducir en la educación del niño un uso adecuado de los dispositivos digitales. Educarlos para que en el uso de las redes sociales sepan mantenerse a salvo y no dañar a los demás.

-Por cierto, ¿dónde metería la tijera en la ruina universitaria?

-En cualquier lado menos en la investigación. Hay que cuidar el nivel y la calidad de los doctorados. Cuando empezó la crisis, nuestro país era el noveno en rendimiento investigador. Cuando esto acabe, ya veremos dónde estamos.

-Sólo dos de cada diez coordinadores de investigación en la UCO son mujeres. ¿Cómo se explica el dato?

-El dato es terrible. Lo que se llama el techo de cristal de las mujeres. El 60 por ciento de la población universitaria son mujeres y sólo el 10% llega a catedrática.

-Si la infancia es la patria del ser humano, ¿qué es la educación?

-La educación es el motor del cambio positivo.

Crédito de la imagenLuca Rossato via Compfight

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