Consecuencias a corto plazo

Agredidos

Tanto la victimización como el rechazo social en la escuela suponen importantes amenazas para el bienestar psicológico de niños y adolescentes, puesto que se trata de experiencias interpersonales sumamente estresantes para el individuo[1]. De hecho, se ha comprobado en numerosas investigaciones[2] que las víctimas de bullying y de rechazo escolar presentan:

  • Una imagen general más negativa de sí mismas.
  • Desórdenes de atención y aprendizaje.
  • Desesperanza y pérdida de interés en sus actividades favoritas.
  • Inhabilidad para disfrutar y falta de energía.
  • Deficiente habilidad para relacionarse con los demás.
  • Sensibilidad hacia el rechazo y las evaluaciones negativas de los demás.
  • Síntomas depresivos y ansiedad.
  • Quejas psicosomáticas como dolores de cabeza y problemas de insomnio.

En general, los estudiantes que sufren problemas de victimización o rechazo social en la escuela presentan más síntomas psicosomáticos y más desórdenes psiquiátricos que el resto de estudiantes[3]. Además, estos problemas parecen persistir en el tiempo, por lo que muchos de estos estudiantes deben solicitar, finalmente, la ayuda y apoyo de profesionales de la salud mental.

En este sentido, en el estudio de Guterman y colaboradores (2002) se observó que las víctimas de bullying presentaban síntomas depresivos y problemas de ansiedad y estrés incluso después de transcurrido un año desde el último episodio de maltrato.

Algunos investigadores sugieren que las consecuencias derivadas del bullyng gestan moduladas por algunos factores como el sexo de la víctima o el tipo de agresión –directa o manifiesta versus indirecta o relacional-. Por ejemplo, Prinstein y colaboradores (2001) han constatado que los chicos muestran más síntomas depresivos cuando son objeto de agresiones directas o manifiestas, mientras que la sintomatología depresiva es más común en las chicas que son objeto de agresión indirecta o relacional.

Puede que la agresión directa sea interpretada, en el caso de los chicos, como una muestra de debilidad y humillación más importante que para las chicas, y que ello provoque un mayor malestar en las víctimas. Sin embargo, la traición que implican los actos de agresión relacional afecta más marcadamente a las chicas.

Si la tipología de las agresiones es variada, sus consecuencias también lo son. Sobre todo porque la violencia no solo la sufren los acosados. También los agresores, los testigos, los profesores, el personal no docente, los padres, las madres, los hermanos, los familiares… La sociedad entera.

Los acosados pueden padecer bloqueos emocionales e intelectuales y alteraciones de conducta y sociales que les pueden llevar a finales apocalípticos como el de Jokin. Sufrimientos que no son transitorios y que pueden desafiar un desarrollo futuro normal.

La conciencia de culpa y la vergüenza son también reacciones habituales en la víctima de la violencia. Aunque los chicos que se encuentran en estas situaciones necesitan que alguien les escuche, tienen tendencia a no decir nada porque sienten una vergüenza muy fuerte de lo que les está pasando, unida a una cierta culpabilidad.

Acosadores y espectadores

Los acosadores, a su vez, además de enfrentarse a un problema tan serio como es barajar la violencia como medio para conseguir cualquier fin, ven incrementados el riesgo de convertirse en víctimas de su propia violencia y la probabilidad de delinquir en el futuro.

Y por último los testigos de la violencia pueden ver inhibida su capacidad de distinguir conductas positivas y negativas, aceptables o deleznables.

Las situaciones de acoso e intimidación tiene consecuencias tanto para las víctimas, los y las agresores y para los y las espectadores, e incluso en el contexto (escolar, familiar y social) en el que se produce. La violencia reduce la calidad de la vida de las personas, dificulta el logro de la mayoría de sus objetivos (aprendizaje, calidad del trabajo…) y hace que aumenten los problemas y tensiones que la provocaron, activando una escalada de graves consecuencias.

Consecuencias a medio plazo

Víctima

El reiterado sufrimiento de agresiones se relaciona con un mayor riesgo de sufrir trastornos de conducta o psicológicos. Si el bullying es repetitivo e intenso, las consecuencias se agravan. Las consecuencias más directas del bullying se pueden clasificar en personales, escolares y sociales:

  • Escolares: Miedo y rechazo al contexto en el que se sufre la violencia. En el ámbito escolar se produce rechazo, miedo a ir a la escuela, por lo que se produce una disminución del rendimiento y una mayor probabilidad de fracasar escolarmente.
  • Personales: La imagen que terminan teniendo de sí mismos puede llegar a ser muy negativa afectar a su autoestima, a su conducta y a su apariencia física. Enfrentarse al bullying supone enfrentarse a una situación de estrés. Algunas víctimas generan síntomas psicosomáticos, ansiedad y depresión. En algunos casos también puede desencadenar reacciones agresivas y en casos extremos, ideas o intentos de suicidio.
  • Sociales: Pérdida de confianza en uno mismo y en los demás. El aislamiento, el menor número de amigos provoca la ausencia de redes de apoyo. En el futuro puede producir dificultades para establecer relaciones de intimidad y confianza con otras personas.

Agresores

  • Escolares: Disminución del rendimiento escolar junto con un cambio en el comportamiento habitual.
  • Personales: Disminuye su capacidad de comprensión moral y de empatía.
  • Sociales: Aislamiento social, pueden llegar a ser rechazados por miedo, desprecio de sus conductas… por parte de los iguales. Además refuerza un estilo violento de interacción.

Espectadores

Las respuestas del alumnado testigo de situaciones de maltrato pueden ser variadas y pueden ir desde la indiferencia a la implicación, por ello las consecuencias dependerán de la actitud y la conducta que asuman. Pero en situaciones de bullying prolongado en las que no se produce intervención de personas adultas y en las que sienten incapacidad para intervenir y detener las agresiones, se pueden producir las siguientes consecuencias:

  • Sensación de indefensión y de miedo a poder ser víctima de una agresión similar.
  • Reducción de la empatía ante el sufrimiento de los otros.
  • Aumenta la falta de sensibilidad, la apatía y la insolidaridad.

Consecuencias a medio-largo plazo

Las consecuencias del Bullying a medio-largo plazo repercuten tanto en las agresores como en los agredidos, de la siguiente manera (American Medical Association, Stevens et. Al, 2002)

Agresores

  • Conducta antisocial y delincuencia o vandalismo, robos, ausentismo y uso de drogas.
  • Patrón de conducta antisocial que continúa en adultez joven.
  • Aumento en posibilidad de beber, fumar y ejecutar pobremente en la escuela.
  • Cuatro veces más probabilidades de condena criminal a los 24 años.
  • Experimentan dificultad en relaciones interpersonales en la adultez.

Agredidos

  • Presentan ansiedad, depresión, pensamientos suicidas y aislamiento social.
  • Perciben la escuela como un lugar inseguro y se ausentan.
  • Tres cuartas partes de los estudiantes que han disparado en escuelas (37 escuelas) fueron acosados, amenazados, atacados por otros.
  • Deterioro de la autoestima, fobia escolar e intentos de suicidio, con repercusiones negativas en el desarrollo de la personalidad, la socialización y la salud mental en general.

Los efectos a medio y largo plazo son de diversa índole y afectan tanto anímica como físicamente. Las consecuencias de la victimización escolar se presentan en un continuo que va desde la pérdida de la capacidad de establecer relaciones de amistad estables, de la confianza en los demás y en uno mismo hasta altos grados de depresión que, en ocasiones le lleva a desear “desaparecer”, en otras acrecienta un el deseo de “venganza” como fórmula de escape ante la violencia sufrida.

Algunos estudios como los realizados con estudiantes universitarios europeos por Mechthild Schäfer, et. al. (2004), ponen de relieve algunos de los efectos que puede provocar el haber sido objeto de bullying.

El estudio parte de la aplicación de un cuestionario retrospectivo donde se indaga sobre experiencias de victimización en la escuela, cómo fueron resueltas y hasta qué punto continúa en la actualidad en el lugar de trabajo o estudio. Los resultados arrojaron que el 28% había sido victimizado en la escuela, y las consecuencias se recogen en diversas manifestaciones:

En cuanto a seguridad personal y psicopatologías:

  •  El 5% reconoció tener ideas recurrentes sobre las agresiones, produciendo trastornos de sueño, pérdida de apetito y ansiedad.
  •  La idea de suicidio fue recurrente: 9% “Si, una vez”; 13% si, más de una vez.
  •  El 23% se siente victimizado en la actualidad en su lugar de estudio o trabajo.
  •  En general mostraron un autoconcepto bajo y más vulnerables a la depresión.

Los efectos sobre la vida de relaciones apuntan lo siguiente:

  • En las relaciones sociales se muestran aislados y con alto nivel de ansiedad.
  • Tienen más dificultades para mantener amistades.
  • Presentan problemas para confiar en los otros.

Las consecuencias para el agresor están en relación directa con su proceso de desadaptación escolar que se ve reforzado por la aprobación de un grupo de incondicionales, extendiendo su conducta antisocial a otras esferas de relación: familia y profesores. Además aglutina a otros sujetos que se encuentran en condiciones semejantes de desadaptación escolar, propiciando la actuación predelictiva y la adicción a las drogas.

Tratamiento

El primer objetivo será lograr que cese el acoso, interviniendo en el medio escolar y familiar. Paralelamente habrá que trabajar las múltiples consecuencias psicológicas que produce este tipo de acoso para restablecer la autoestima y la confianza de la víctima y trabajar las conductas desadaptadas de los agresores.

Los tratamientos que describimos a continuación se centran en las consecuencias del bullying a largo plazo.

Ansiedad

El objetivo de todas las técnicas que se utilizan es disminuir la ansiedad y aumentar la competencia del niño en la situación que se asocia con la ansiedad. El tratamiento siempre debe basarse en una evaluación integral del niño o adolescente y de la familia, ya que de los resultados de la evaluación se derivará el tratamiento y las técnicas a utilizar.

Fobia específica, escolar

Es uno de los problemas de ansiedad más frecuentes en los niños, y se caracterizan por la existencia de un temor exagerado e irracional a un objeto o situación determinada e interfieren de forma negativa las áreas del menor. En los niños, las fobias específicas más frecuentes son a los animales, a irse a dormir y/o la oscuridad y la fobia escolar.

A diferencia de los miedos evolutivos, las fobias específicas no desaparecen entre los seis y los ochos meses de haber aparecido.

Para el tratamiento tanto dela Ansiedad como de la Fobia escolar, las técnicas más utilizadas se exponen a continuación:

  • Condicionamiento Clásico. Se determina una jerarquía de miedos y el niño se expone a los miedos de forma gradual, se usan respuestas incompatibles con la ansiedad como la relajación, comida, entre otras.
  • Técnicas de Condicionamiento Operante, que se manejan las contingencias que desencadenan o mantienen el trastorno y ayudan a instaurar una conductas y eliminar otras.
  •  Aprendizaje por observación: se le enseña al niño conductas graduales de aproximación hacia la situación que genera ansiedad, y formas diferentes de afrontarla.
  • Autoinstrucciones positivas: el objetivo es la anticipación de consecuencias positivas y disminuir el grado de temor al estímulo.

En el tratamiento para fobia social es importante entrenar al niño o adolescente en habilidades sociales.

Depresión Infantil

Supone una alteración del estado de ánimo de forma brusca, es decir, el niño sufre un cambio radical en su conducta habitual. Afecta aproximadamente a un 5% de los niños menores de trece años y la proporción de casos de depresión aumentan con la edad. Esta alteración se presenta de muchas formas, con grados y duración variados, y la sintomatología varía en función de la edad del menor, aunque de forma general se agrupa enSíntomas emocionales, síntomas motores, síntomas cognitivos, síntomas somáticos.

De cara a no alargar el sufrimiento del menor y no cronificar el problema, es muy importante que los padres sepan identificar este problema. Para ello, es necesario conocer cuáles son las manifestaciones más significativas de este cuadro clínico: bajo rendimiento académico, aburrimiento constante, sensación de cansancio, pérdida de peso y/o apetito, problemas en el sueño, aislamiento social, sensación de inutilidad, hiperactividad y elevada irritabilidad.

No existe una única causa para la Depresión infantil sino que se produce por la interacción de factores sociales, familiares y bioquímicos. Entre las situaciones sociales y familiares más importantes están:

  • Problemas con la familia
  • Bajo apoyo o cohesión familiar
  • Maltrato infantil
  • Inadecuado control familiar (sobreprotección o ausencia de la misma)
  • Mala comunicación o nula entre los miembros de la familia
  • Aislamiento social
  • Baja autoestima
  • Problemas en el colegio o con amigos

La psicoterapia es uno de los tratamientos más eficaces para los problemas de estado de ánimo tanto en los niños como en los adolescentes. Para conseguir buenos resultados se necesita la implicación en la terapia de los padres o tutores y del niño. El tratamiento con los padres debe consistir en enseñarles habilidades específicas de comunicación efectiva, de solución de problemas familiares cotidianos y conflictos, cambio en las interacciones, habilidades personales de manejo de la ira y aumento de la autoestima del menor. El tratamiento con los niños y adolescentes va a consistir en enseñarles diferentes habilidades específicas para moderar sus síntomas de bajo estado de ánimo, habilidades de solución de problemas para afrontar las dificultades cotidianas y, por último, ayudarles a procesar la información de una forma más adaptativa.

Referencias bibliográfica

[1] Alsaker y Olweus, 1992; Kupersmidt, Coie y Dodge, 1990; Smith, Bowers, Binney y Cowie, 1993

[2] Andreou, 2000; Boivin, Poulin y Vitaro, 1994; Hawker y Boulton, 1996; Juvonen, Nishina y Graham, 2000; Kaltiala-Heno, Rimpela, Rantanen y Rimpela, 2000; Prinstein, Boergers y Vernberg, 2001; Rigby, 2000; Rodríguez, 2004; Seals y Young, 2003; Sharp, Thompson y Arora, 2000; Storch y Masia-Warner, 2004; Woodward y Fergusson, 1999

[3] Hecht, Inderbitzen, y Bukowski, 1998; Kumpulainen, Rasanen y Puura, 2001; William, Chambers, Logan y Robinson, 1996

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