Ciberbullying

El desarrollo de las nuevas tecnologías, en especial las relacionadas con Internet, ha provocado un crecimiento espectacular de las posibilidades de establecer vínculos con otras personas, ya sean próximas (vecinos, compañeros de estudios, familiares, etc.) o lejanas (desconocidas hasta ese momento, de ubicaciones geográficas distantes, etc.).

Pero desgraciadamente, la aparición de estas relaciones ‘online’ ha ido acompañada de conductas marcadas por el abuso y la violencia que han hecho que estas interacciones no siempre posean un signo positivo.

En palabras de Nancy Willard (2004 y 2006), el cyberbullying consiste en ser cruel con otra persona mediante el envío o publicación de material dañino o la implicación en otras forma de agresión social usando Internet u otras tecnologías digitales.

A la hora de establecer una tipología del cyberbullying podemos basarnos en los medios que se utilizan para desarrollar este tipo de comportamiento, es decir, en función de si se desarrollan por Internet, teléfono móvil o cualquier otro medio, o por fotos, vídeos, mensajería instantánea, chats, etc. Éste es el sistema que entre otros ha elegido el equipo de Peter Smith (Smith, Mahdavi, Carvalho y Tippet, 2006), dando como resultado una tipología con siete categorías bien diferenciadas:

• Mensajes de texto: por ejemplo, mediante el envío de SMS ofensivo.

• Envío de fotos o vídeos (grabados, normalmente con teléfonos móviles o cámaras ocultas) que luego son difundidos a través del propio móvil o por Internet en formato de imagen, con la intención de ofender.

• Llamadas ofensivas: sobre todo desde los teléfonos móviles.

• Correos electrónicos ofensivo, intimidatorios u amenazantes.

• Agresión verbal en salas de chat.

• Mensajería instantánea de carácter intimidatorio, acosador o simplemente   insultante o desagradable.

• Páginas web: diseñadas para agredir a otra persona o a un grupo.

Incidencia

Los problemas de cyberbullying han manifestado en los últimos tiempos un incremento considerable, sin duda favorecido por el acceso cada vez más extendido a las nuevas tecnologías y por la repercusión creciente en los medios de comunicación. Los datos de incidencia varían, sin embargo, de forma considerable dependiendo de los estudios que tomemos como referencia. Una de las razones que posiblemente tenga más peso en este hecho es el diferente grado de penetración que las nuevas tecnologías poseen en las distintas sociedades.

Otro factor, complementario al anterior, es el momento en qué se realiza el estudio, puesto que, incluso dentro de un mismo país, la presencia y accesibilidad a las nuevas tecnologías está en un continuo crecimiento. Además, habría que señalar las distintas metodologías que se han utilizado para recoger los datos, variable que sin duda también contribuye a esta variabilidad. En cualquier caso, entendemos que es relevante hacer ahora una breve mención a los principales datos que se poseen hasta el momento, haciendo referencia al momento y país donde se realiza cada una de las investigaciones

Beran y Li (2005) encontraron, en Canadá, que el 21% de los alumnos preguntados había sufrido cyberbullying en varias ocasiones, mientras que el 69% conocía a alguien que había vivido este tipo de experiencia. Li, en un estudio posterior (Li, 2006), tomando también en este caso datos sobre el número de agresores, encontró que cerca del 25% habían sido víctimas de agresiones online, mientras el 17% reconocían haber atacado a alguien de este modo. En este caso, el número de los que conocían a otra persona que hubiese pasado por este tipo de violencia disminuía al 53,6%. Este estudio de Li también se señala la importancia del sexo de los adolescentes a la hora de entender la implicación en el problema. Según los resultados de la investigación, no hay diferencias entre chicos y chicas a la hora de participar en el problema como víctimas, mientras que sí se encuentran cuando consideramos el papel de agresores, más frecuente en el caso de los chicos.

En los Estados Unidos, también en trabajo reciente, Burgess-Proctor, Patchin e Hinduja (2006) muestran que el 38,3% de su muestra reconoció haber sido víctimas de cyberbullying, si bien, dentro de este grupo, sólo un porcentaje reducido, entre el 10% y el 15%, señalaba haber vivido formas de agresión especialmente severas (por ejemplo, haber sido amenazados de forma directa). En un estudio de estos mismos autores (Hinduja y Patchin, 2005), centrándose ahora en la figura del agresor, encontraron que el 16,7% de los casos de su muestra afirmaron haber atacado a otros online. Con resultados algo más moderados, Ybarra y Mitchell (2004), mediante entrevistas telefónicas con adolescentes entre 10 y 17 años, encontraron que el 19% habían participado en algún episodio de cyberbullying en el papel de víctima o en el de agresor.

En una exploración realizada en todo el territorio del Reino Unido en 2006, los resultados que el 13% de los encuestados habían sufrido cyberbullying. También en este país, Smith y sus colaboradores (Smith, Mahdavi, Carvalho y Tippet, 2006) han encontrado un porcentaje más elevados de alumnos que han vivido experiencias de cyberbullying (22%), aunque sólo el 6,6% de su muestra dijo haberlo sufrido de forma duradera en los últimos dos meses.

Happy Slapping

Entre los distintos tipos de cyberbullying, uno de los que mayor repercusión social ha alcanzado, si no el que más, es el conocido como happy slapping. Su importancia y sus características, de algún modo diferentes al resto de agresiones online, hacen que consideremos este fenómeno de forma independiente al resto en este capítulo. Enla Wikipedia (2007) se describe el happy slapping como el ataque inesperado sobre una víctima mientras un cómplice del agresor graba lo que está sucediendo, normalmente por medio de la cámara de un teléfono móvil, para luego difundirlo o visionarlo repetidamente.

No hay datos directos sobre los efectos que sufren las víctimas de episodios de happy slapping. Sin embargo, al igual que hicimos al hablar de la incidencia de este problema, sí es posible establecer una cierta inferencia partiendo de las consecuencias que experimentan las víctimas de agresiones de cyberbullying, en especial, las que son fotografiadas o grabadas en vídeo por medio de los teléfonos móviles. El parecido en los medios utilizados entre ambos tipos de ataque violento así nos lo permite.

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